Democracia bajo ataque:
Populismo, polarización y el desafío del siglo XXI
Un mundo en tensión democrática. Vivimos tiempos convulsos para la democracia.
Desde América Latina hasta Europa y Estados Unidos, los sistemas representativos enfrentan un desgaste profundo. No es que los ciudadanos renieguen de la democracia como principio, sino que se sienten defraudados por sus prácticas, por las élites políticas que la conducen y por el vacío de resultados tangibles en su vida cotidiana.
Como señala El País, la polarización política se ha convertido en la norma, alimentada por el populismo que surge tanto desde la izquierda como desde la derecha. En México, las tensiones internas de Morena —con luchas de facciones que fragmentan su identidad— reflejan esta dinámica global de partidos convertidos en campos de batalla internos.
En Estados Unidos, el Partido Republicano vive su propia guerra civil con Donald Trump como epicentro de un discurso radical que reconfigura la tradición conservadora. La democracia occidental está bajo ataque, y lo paradójico es que los agresores no vienen siempre de fuera, sino de dentro: líderes carismáticos que apelan al enojo social y lo convierten en combustible político, la polarización como estrategia.
La polarización no es una consecuencia accidental, sino una estrategia deliberada. Lo señala el New York Times: los populistas construyen su narrativa enfrentando a un “pueblo puro” contra “élites corruptas”, sin espacio para matices. Esa lógica simplista es eficaz en tiempos de incertidumbre, pero destructiva para la institucionalidad.

En España, “PODEMOS ” utilizó el hartazgo ciudadano tras la crisis económica para instalar un discurso de ruptura. En México, MORENA nació como un movimiento plural, pero en 2025 muestra fisuras internas donde las corrientes radicales acusan a las moderadas de “traicionar el proyecto de transformación”. El resultado es que la discusión política ya no se da entre partidos, sino dentro de ellos mismos, profundizando la fragmentación.
El populismo, como recuerda EuroNews , se alimenta de emociones, no de datos. Y en la era digital, esas emociones viajan más rápido que cualquier verdad comprobada.
Migración y discursos de odio es el otro fenómeno que ha sido instrumentalizado es la migración. EFE Noticias ha documentado cómo la llegada masiva de migrantes a Europa ha sido aprovechada por partidos de extrema derecha para promover discursos de odio

Italia, Francia y Alemania enfrentan tensiones sociales que los populistas magnifican para ganar apoyo electoral. En Estados Unidos, el muro fronterizo volvió a ser bandera política.
Y en México, aunque en menor medida, el tema migratorio se utiliza para reforzar una narrativa de soberanía nacional, mientras miles de centroamericanos cruzan el territorio en condiciones precarias. El problema no es la migración en sí, sino cómo se utiliza como chivo expiatorio para culpar a “los otros” de problemas internos: desempleo, inseguridad, inflación.
Como lo advirtió The Washington Post, es el mecanismo clásico del populismo: desviar la frustración hacia un enemigo externo o interno. El espectáculo de la política: de los funerales a las redes sociales La política populista convierte todo en espectáculo. Recordemos cómo, en 2018, Donald Trump transformó el funeral del senador John McCain y Michael Kirk hace unos días, en un acto de confrontación política. La solemnidad de un momento de unidad nacional fue utilizada como tribuna para atacar a sus adversarios.

Ese estilo no ha desaparecido; al contrario, se ha consolidado como forma de comunicación política. Hoy, funerales, catástrofes naturales o incluso eventos deportivos se convierten en escenarios de polarización. En México, la tragedia del metro en 2021 fue utilizada tanto por la oposición como por el gobierno como arma arrojadiza. Lo mismo sucede en Europa y América Latina, donde las redes sociales amplifican el morbo y la confrontación.
El riesgo, como apunta Reforma, es que la política deje de ser un espacio de deliberación racional y se convierta en un ring de emociones extremas.
Democracia bajo ataque: ¿quién gana con el caos? El populismo no solo debilita instituciones, también erosiona la confianza social.
Excélsior señala que, en México, siete de cada diez ciudadanos desconfían del Congreso, y seis de cada diez percibe a los partidos como entidades corruptas.
La democracia sobrevive más por inercia que por convicción. La gran pregunta es: ¿quién gana con el caos? La respuesta es incómoda: los líderes autoritarios que ofrecen soluciones rápidas y simplistas. En América Latina, vemos el ascenso de figuras como Bukele en El Salvador, que, con su “guerra contra las pandillas”, concentra poder mientras erosiona el Estado de derecho.
En este escenario, la democracia es atacada desde dentro y desde fuera: desde dentro, por políticos populistas que socavan instituciones; desde fuera, por la indiferencia de ciudadanos que ya no creen en su valor.

El silencio de la mayoría, quizá lo más inquietante no sea la polarización en sí, sino el silencio de la mayoría. Como lo señala La Jornada, existe una “mayoría silenciosa” que observa con escepticismo, que no se identifica ni con los extremos de izquierda ni con los de derecha, pero que tampoco se moviliza. Ese silencio es terreno fértil para los populistas, que llenan el vacío con su narrativa ruidosa.
La democracia necesita de ciudadanos activos, pero hoy la apatía amenaza con convertirse en norma. Hacia una democracia de valores. El reto, entonces, es reconstruir una democracia de valores. No basta con celebrar elecciones regulares ni con proclamar discursos de honestidad. Se requiere ética pública, instituciones sólidas y una cultura ciudadana que rechace la manipulación.
Como lo advierte The Washington Post, las democracias mueren lentamente, cuando los ciudadanos dejan de defenderlas. Y en México, al igual que en otros países, el populismo erosiona no con golpes espectaculares, sino con pequeñas fracturas que, acumuladas, debilitan la estructura. Necesitamos un nuevo pacto: menos gritos y más argumentos, menos odio y más diálogo, menos espectáculo y más responsabilidad.
Conclusión: ¿Cuántas veces más? ¿Cuántas veces hemos visto utilizar el camino de la manipulación, de la polarización y del odio? ¿Cuántas veces más se justificará el caos en nombre de un pueblo que, en realidad, solo quiere vivir en paz y con dignidad? La democracia está bajo ataque, sí.
Pero aún tiene defensores. Dependerá de nosotros —ciudadanos, periodistas, académicos, líderes sociales— decidir si dejamos que se degrade hasta ser una cáscara vacía o si la recuperamos como proyecto ético y colectivo.
Espero tus comentarios: gilberto M Limón Corbalá.
gilberto.limon@lideratium.com
