En este momento estás viendo Los políticos en el gobierno, han perdido el rumbo
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La política, en su esencia más noble, debería servir para evitar el dolor evitable. Esa es su razón de ser: impedir el sufrimiento que puede prevenirse con decisiones responsables, empatía y visión humana.

Pero hoy, lamentablemente, el ejercicio del poder parece haber perdido esa misión. Tragedias que podrían evitarse.

¿Cómo puede justificarse la muerte de una niña por la picadura de un alacrán, cuando al llegar al hospital del IMSS le indican que no hay suero disponible? Esa tragedia no es un accidente: es el reflejo de un sistema de salud en ruinas, donde la burocracia y la indiferencia reemplazan la atención y la prevención.

En el país, se ha admitido que la propia Secretaría de Salud de México reconoce “momentos críticos” en la distribución de medicamentos.

Por ejemplo, el sistema de “IMSS‑Bienestar” reconoció que su diseño de distribución era excesivamente burocrático y eso impedía el abasto oportuno de fármacos e insumos de salud.

Y los medicamentos para tratamiento de cáncer, por ejemplo, han sido reconocidos como faltantes por la misma institución. Estas fallas no son menor inconveniencia: representan vidas, sufrimiento, familias rotas.

Brotes y enfermedades prevenibles que regresan: El estado de Chihuahua —vecino de tu entidad de trabajo, Sonora— actualmente concentra el mayor brote de Sarampión en México-. Se han reportado miles de casos confirmados, decenas de muertes, y comunidades vulnerables que carecían de esquema de vacunación.

Anuncio de 2 605 casos confirmados mediante pruebas PCR y 2 942 diagnósticos preliminares al corte del 1 de julio.

Fallecimientos entre la comunidad rarámuri (una niña de 6 años) y menonita, por falta de vacunación. El brote está localizado mayoritariamente en Chihuahua y se espera erradicarlo hacia noviembre, según la Secretaría de Salud.

Este tipo de crisis no solo afectan a Chihuahua: Sonora como estado vecino parte del contexto y puede verse afectado, lo que revela el peligro de la falta de cobertura, de vigilancia y de una política de salud focalizada en el ser humano.

Olvido de la prevención, enfoque en el poder

Cuando un político asume la responsabilidad de gobernar, tiene un mandato ético: proteger la vida, aliviar el dolor, mejorar la existencia de los ciudadanos. Gobernar no es administrar recursos ni cuidar intereses partidistas; es servir al ser humano.

Sin embargo, lo que vemos es un gobierno obsesionado con retener el poder, con prolongar su control a costa del bienestar de la gente. Los indicadores lo muestran:

El abasto de medicinas está garantizado solo por dos meses en algunos casos, lo que revela falta de visión de largo plazo.

Cuando el poder se ejerce sin conciencia de su fin humano, el dolor se multiplica, la esperanza se apaga y la dignidad se debilita.

Pistas para la reconstrucción del rumbo

No se trata de ideologías, sino de humanidad. Ningún proyecto político tiene sentido si no es capaz de evitar el sufrimiento que podría evitarse. Algunas ideas que podrían retomarse:

Un enfoque renovado de prevención: campañas de vacunación más amplias, vigilancia comunitaria, atención en zonas rurales y vulnerables.

Asegurar cadenas de distribución de medicinas, insumos y tratamiento de enfermedades graves (como cáncer, enfermedades crónicas) con transparencia y eficiencia.

Participación ciudadana y rendición de cuentas: los gobernantes deben responder cuando falla el sistema y asumir responsabilidades reales.

El rumbo se ha perdido porque se ha olvidado la brújula moral de la política: la dignidad humana. Cuando el poder descuida la vida —y peor aún, cuando trata la salud, la prevención y la atención como gastos o símbolos— la sociedad se resiente, el individuo queda en la orilla y el sufrimiento se vuelve evitable.

Para recuperar el rumbo la política debe volver a su esencia: al servicio del ser humano, a la mirada de quien dice “no permitiré que mueras porque no hay suero”, “no permitiré que se convierta en muerte lo que podría haber sido atención”. Entonces será una política digna, una democracia que funcione, una libertad que proteja.

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gilberto.limon@lideratium.com

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